MÁS QUE UNA HISTORIA DE CUARENTENA

Leticia Brambilla vive en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Acosada por la dictadura militar, hace cuarenta años se fue de Buenos Aires con su esposo y su bebé. Ahora, entre las cosas que le hacen bien, hay una que destaca: el apoyo de PAMI en plena cuarentena.

“En el PAMI de hoy, y a pesar de la pandemia, recibimos la medicina, recibimos una atención eficiente”, destaca Leticia Brambilla, una afiliada de 75 años que vive en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, al referirse a la política de medicamentos gratis de PAMI, un derecho que se implementa desde marzo de este año para los afiliados y las afiliadas. Toma dos remedios. “Uno para el corazón y otro para el colesterol”, le cuenta a Comunidad PAMI desde su casa, donde por la cuarentena sale apenas una vez a la semana para ir al almacén del barrio y una vez al mes al supermercado.

Leticia también recuerda: “Como jubilada y pensionada, en el PAMI anterior al percibir los dos haberes no solo no tenía los medicamentos sino que además tenía que abonar los análisis o las radiografías, que por suerte necesitaba poco. Así que para mi la de hoy es una gran diferencia”. Y después: “En este momento los medicamentos gratuitos me significan un dinero que puedo aprovechar para otras cosas”.

Nacida el 1 de enero de 1945 en Vicente Lópéz, Leticia es una de las protagonistas de los spots que difunde PAMI por distintos medios de comunicación para que sus afiliados y afiliadas de todo el país sepan que tienen, entre otros, el derecho a los medicamentos gratuitos. 

Su pasatiempo preferido es la pintura -“algo que amo”- y la lectura de poesías. Comparte sus horas con su nieto, que vive con ella mientras estudia en esta ciudad “que ha crecido mucho y que hoy cuenta con grandes e importantes universidades”.

“Salgo a caminar siempre con el barbijo. Trato de estar cuidada y de cuidar a los demás”, dice quien extraña a los amigos pero que es consciente de que esas reuniones volverán, aunque con cuidados. Leticia mantiene el buen humor a pesar del encierro y lo demuestra cuando se ríe al tocar su cabeza al tiempo que dice “toco madera por mi buena salud”. “Es que llevo muy bien la cuarentena. Sin problemas. Vivo en una ciudad pequeña en la que bien o mal puedo hacer cosas”.

Hace más de 40 años y tras sobresaltos en plena dictadura militar, Leticia, su marido y su entonces pequeño hijo dejaron su vida en Buenos Aires y se instalaron en Concepción del Uruguay. Ella dejó su trabajo en la fábrica Philips y su esposo encontró destino en su Entre Ríos natal. Había que alejarse de esa noche en la que los militares entraron a su casa porteña y se lo llevaron a punta de pistola mientras amenazaban con dispararle al bebé. “Que hoy es todo un hombre”, aclara Leticia: “Por suerte a mi marido lo devolvieron, pero la angustia quedó”.

Ahora que los tiempos cambiaron Leticia volvió a la poesía. Extraña los talleres de PAMI, aunque hace actividades virtuales con el Instituto. La poesía, cuenta, la mantiene alegre: “No soy poeta pero me gusta recitar”. Y sobre el final de la charla parece tomar aire y con su hablar pausado pide: “No me trates de usted. Tratame de vos no es faltarme el respeto. Todo lo contrario”.